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El Once, un barrio que perdió su brillo

El distrito de Balvanera, más conocido como el Once, ha transitado un proceso de transformación en cuanto a su aspecto. Además, fue un gran centro comercial y estaba poblado por diversos inmigrantes europeos.

  SABRINA HODARI
sabrina@soutiendenoticias.zzn.com

La decadencia de los barrios porteños es un hecho. La ciudad de Buenos Aires, en el siglo XXI, no es similar a la de principio del siglo XX, cuando abundaban las fábricas y los grandes mercados de frutas y verduras. Balvanera era un gran centro comercial y la población estaba integrada esencialmente por inmigrantes provenientes de distintas partes de Europa.

El barrio del Once siempre se caracterizó por ser una zona comercial por excelencia; Sin embargo, en los últimos seis años, la situación se ha modificado debido a la crisis, al cambio en los rubros, los orígenes de las colectividades que se asentaron y la ausencia de los pioneros.

A principios del siglo XX abundaban las fábricas, los comercios mayoristas y todos los locales estaban ocupados mientras que, un siglo después, las calles sólo reflejan desolación y la cantidad de locales que se vacían está en aumento.

DECADENCIA COMERCIAL

En el barrio había diferentes rubros pero esencialmente eran muchos confeccionistas de todo tipo de ropa y estaban los mayoristas de telas que aún siguen vigentes. Para los compradores dejó de ser atractivo porque el área comercial se trasladó a otros barrios; sin embargo, hay comerciantes del interior que aún compran en el Once.

"Esta zona se caracterizó por ser esencialmente mayorista pero éstos están desapareciendo lentamente debido a que ahora el fabricante vende directamente al público", comentó un vecino del barrio. Cabe destacar que antes los mayoristas solían comprar a los fabricantes para vender luego a los pequeños comerciantes y al público en general. Ahora es más atractiva para los fabricantes o minoristas que venden directamente al público por un tema de necesidad.

A partir de la década del noventa, otro factor que generó un cambio y provocó la decadencia fue la "invasión" de los locales de Todo por dos pesos. Los coreanos llegaron para ocupar el espacio que dejaron vacío los antiguos comerciantes. El Once se fue deteriorando junto con gran parte de la clase media. Quienes pudieron mejorar su situación económica optaron por irse a otros sitios y este fenómeno dio lugar a la llegada de nuevos inmigrantes coreanos que se sumaron a los locales de la colectividad judía, armenia y árabe en los años recientes.

Los alquileres de los locales han variado en los últimos 25 a 30 años. Veinte años atrás, un alquiler por la avenida Corrientes podía llegar a los 11 mil dólares y hoy cuesta menos de 2 mil. La inmobiliaria de Enrique Faiman está en el barrio del Once desde 1977 pero se mudó de local hace unos 15 años. Los alquileres en el barrio han sufrido altibajos. "La época de mayor valor fue entre el `85 y el `94. A partir del `95 hubo un período de decadencia donde se produjo un retroceso y bajaron los valores; entre el `96 y `98 se apreció una leve mejora y después volvió a caer. Fue una constante hasta la actualidad", dijo Faiman.

Roberto Zayat, desde hace 30 años en la inmobiliaria Doney, agregó que "a principio del `99 y 2000 hubo un crack en lo económico que repercutió en un desastre más grave". Hoy por hoy, teniendo en cuenta la crisis que atraviesa el país, hay muy pocos alquileres debido a la disminución del valor adquisitivo, el bajo consumo y la ausencia de comerciantes que se trasladaron hacia otras zonas.

Las calles más solicitadas para alquilar eran Pasteur, Azcuénaga, Sarmiento, Castelli o Rivadavia. También Corrientes, Lavalle ó Pueyrredón; ahora sigue la demanda pero es menor. Además, antes se alquilaban, por ejemplo, cinco cuadras de punta a punta y hoy en día tal vez se llena sólo una. En el paseo conocido como la Recova ubicada sobre Pueyrredón y que se extiende entre Bartolomé Mitre y la avenida Rivadavia hay más de 50 locales vacíos. Por allí, predominan los vendedores ambulantes que situaron sus precarios puestos delante de los locales cerrados.

Según los datos de la inmobiliaria Faiman, en los últimos 3 años cerraron cerca de 400 ó 500 locales de los cuales reabrieron cerca de 100 ó 200. De todas formas, permanecen abiertos entre 1500 y 2000 locales. Mientras que Zayat consideró que de 100 locales que cierran, se recuperan 50. En cuanto a los valores de los alquileres Zayat comentó: "Antes un local que se alquilaba por 2000 dólares, hoy cuesta 700 y no se puede alquilar". Explicó que los motivos tienen que ver con las pretensiones de los comerciantes y los requisitos de los dueños que dificilmente se ponen de acuerdo.

A la hora de alquilar, la gente busca que los precios sean bajos porque el presupuesto es acotado y piden buenos frentes. "Se presume que en el barrio hay buenos precios y los clientes pueden venir a comprar; además, a los comerciantes les resulta un buen lugar para vender" manifestó Faiman. Los precios varían constantemente y desde que se desencadenó el desborde social en el país la situación de los comerciantes empeoró aún más. Es cierto que el barrio no es lo que era y dejó de ser atractivo pero no perdió su encanto totalmente.

Se han construido muchas viviendas y comercios pero el movimiento ha cambiado. Hace unos años, durante la semana (lunes a viernes) el barrio era un caos total de tránsito y personas que salían de compras para aprovechar los buenos precios. Durante el fin de semana reinaba la tranquilidad. Pero ahora el caos también se percibe los sábados.

UN POCO DE HISTORIA

El barrio que conocemos como Once no siempre se llamó de ese modo. Antiguamente era Balvanera y sus fronteras eran diferentes. Por el año 1871 los límites iban desde la calle Santa Fé hasta el Riachuelo y desde Ayacucho y Sarandí hasta el barrio San Carlos por la calle Boedo. En 1873 la calle Pueyrredón se llamaba Centro América, y alrededor de 1879 la edificación de la calle Rivadavia llegaba hasta el Once, después de allí la ciudad se convertía en pleno campo.

El Once es la culminación de Balvanera; es el auge de los ruidos, el choque entre las personas en busca de objetos y el infierno del tránsito. La delimitación actual del barrio abarca desde Viamonte hasta la avenida Rivadavia y desde Boulonge Sur Mer hasta Uriburu. En 1890 se inauguró, en Rivadavia al 1000, el Teatro Doria que tenía un gran atractivo para los italianos y porteños residentes en la zona. Allí se podía apreciar ópera barata pero en 1896 se exhibían campeonatos de lucha. El Mercado de Abasto fue un símbolo de Balvanera pero desde hace más de 10 años forma parte del barrio de Almagro.

MERCADO DE ABASTO DE BUENOS AIRES

En 1888 la sociedad Antonio Devoto y cía. solicitó a la Municipalidad el proyecto de construir un mercado en un área de 25 mil metros cuadrados que estaría situado entre las calles Corrientes, Lavalle, Anchorena y Laprida (hoy es Agüero). En la concesión se establecía que sólo serviría para la venta al por mayor de frutas, verduras y otros productos menos la carne.

  En 1890 comenzaron las obras que fueron inauguradas tres años después. Hacia 1920 las instalaciones eran insuficientes por lo que se decide ampliarlo. Al mismo tiempo, estaba en construcción la línea B del subte. En 1930 se decide la construcción del edificio sobre la calle Corrientes y en diciembre de 1931 se colocó la piedra fundamental. En ese momento, funcionaban tres mercados de abasto en la ciudad: el Spinetto, el de Dorrego y el de Liniers.

El nuevo edificio del Mercado de Abasto se inauguró en 1934 y fue el más grande, importante y avanzado de Sudamérica. Contaba con acceso para tren, dos escaleras mecánicas que eran de asombro para la época, playas de estacionamiento y puestos de comunicación telefónica.

El Abasto cerró en 1984 al trasladarse su actividad al Mercado Central de la autopista Riccheri. Se deseaba conservar el edificio por lo que, durante varios años, se presentaron proyectos para transformarlo. La Cooperativa El Hogar Obrero se hizo cargo del espacio con el fin de construir un gran centro comercial; pero el proyecto fracasó porque quebró la cooperativa.

A mediados de los noventa, el empresario George Soros compró el edificio y llevó a cabo un proyecto que consistió en la creación de 200 locales comerciales, patio de comidas, parque de diversiones cubierto, museo de niños, 12 cines, teatro, plaza cubierta y exposiciones temporarias. Finalmente el 9 de noviembre de 1999, luego de varias refacciones, fue inaugurado como Shopping, el más grande de la ciudad.

Esto generó una renovación de la fisonomía y una revaloración de la zona que trajo aparejado la construcción del hotel Holiday Inn Select Abasto, la destrucción de precarias viviendas, la inauguración del pasaje Carlos Gardel y la reapertura de cantinas tradicionales. "Cuando funcionaba el Mercado de Abasto había más movimiento de gente y más caos de tránsito en la zona; cuando cerró se produjo una decadencia en los alrededores. Pero reabrió por una cuestión comercial y entre la gente había muchas expectativas puestas en la reapertura porque el shopping le devolvió la vida al barrio", declaró Luis Coss, un vecino de la zona.

UN PAÍS INDUSTRIAL

La argentina de 1910 se caracterizaba por la fuerte presencia productiva que tenía logros importantes pero desiguales. Se destacaba la manufactura de los bienes de consumo para el mercado interno pero faltaba la producción de capital y exportables.

En diversos barrios de la ciudad de Buenos Aires existían grandes fábricas que se trasladaron a zonas alejadas y fueron comprando terrenos anexos para ampliar sus edificios y mejorar las ventajas económicas a gran escala. Pero los costos de traslado y la provisión de mano de obra eran muy altos. La concentración de fábricas se dio en el sur que tenía como eje al Riachuelo y se ampliaba al Gran Buenos Aires.

La geografía industrial porteña incluía un área mucho más vasta, que se extendía sobre una medialuna desde el Riachuelo hasta el Río de la Plata. En este arco de fábricas, el Once ocupaba un lugar predominante como zona de asentamiento fabril. Sin embargo, la combinación de actividades económicas (producción con la importación y comercialización de bienes finales) era una de las características esenciales de la industria y el capitalismo argentinos.

Balvanera compartió con Retiro y Constitución el recibir, por tren, productos del interior. No es casualidad que en la zona se hayan creado dos grandes centros de abastecimiento de la ciudad: el Mercado Proveedor (Abasto) y el Mercado Ciudad de Buenos Aires (Spinetto). De menor magnitud fue el Mercado Rivadavia.

UN BARRIO COMERCIAL

El Once era un verdadero barrio industrial en el cual el aspecto edilicio de las fábricas se mezclaba con el de las casas de familias. Las fachadas ocultaban visiblemente parte de las actividades que se realizaban dentro. Las industrias contaminaban el ambiente y llevaban el ruido y la polución a las áreas en donde se instalaban. Uno de los medios de transporte más habitual del siglo XXI y hasta mediados del XX era el tranvía, que funcionaba a través de las vías y rieles. Eran vagones como de trenes a los que se ascendía por atrás y se sacaba el boleto.

Ricardo Hodari, quien vivió durante su adolescencia en Tucumán y Pasteur, contó: "Cuando era chico funcionaba el tranvía que recorría cada una de las calles del barrio y pasaba por la puerta de mi casa. Era lindo viajar en él". Entre las décadas del ´50 al 70 del siglo XX podemos citar ejemplos de las empresas que estuvieron en el barrio. En Tucumán entre Larrea y Azcuénaga había una fábrica de muebles llamada Maple que fue muy importante. A una cuadra, entre Azcuénaga y Pasteur, estaba la fábrica de cremas y cosméticos Pond`s.

En los últimos 10 años, Tucumán desde la avenida Pueyrredón hasta Larrea, Paso desde Viamonte hasta Lavalle y desde luego Corrientes, se convirtieron en la nueva zona comercial. En Corrientes y Pueyrredón estaba, en los años `80, el Banco Italia que debido a la crisis vendió la esquina para convertirla en locales comerciales. Además, había financieras y casas de cambio, algunas continúan vigentes.

Hay innumerables cosas para mencionar de un barrio tan antiguo de la ciudad de Buenos Aires que ha sufrido transformaciones y ha recibido a personas provenientes de distintos orígenes. No sólo hay que destacar lo comercial sino también lo cultural y religioso, sus edificios, galerías, las calles, el suelo en el que aún se ven las vías del tranvía que ya no volverá a pasar. En fin, un barrio, una historia. El Once, barrio comercial por excelencia a principio del siglo XX, ha sabido mantenerse en pie gracias a los comerciantes nacionales y extranjeros que optaron por invertir su dinero en los locales de la zona.

Los límites fueron cambiando pero la esencia quedó. Pese a la desolación que transmiten los locales cerrados y las calles vacías como producto de la crisis, aún se pueden visitar sus calles en busca de buenos precios tanto para mayoristas como minoristas. Una vez que se logre cambiar por completo la fisonomía que rodea la zona céntrica del Once se apreciará mejor la belleza arquitectónica que posee y recuperará ese brillo que hoy en día se perdió.

UN DATO CURIOSO

El edificio en la esquina de Pueyrredón y Corrientes está falsamente relacionado con el poema "setenta balcones y ninguna flor" de Baldomero Fernández Moreno. Resulta que dicha construcción cuenta con ochenta balcones. Definitivamente, ese edificio no es el que inspiró el poema de Fernández Moreno porque la casa nueva a la que se refiere el autor estaba ubicada sobre la avenida Alem pero fue demolida. No se puede comprobar la veracidad de la historia que mantienen los lugares míticos de la ciudad como son, entre otros, la Confitería El Molino ubicada frente al Congreso Nacional y bares como Las Violetas o el Café de los Angelitos.

 

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