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Burreros light, burreros cash, pero burreros de todos modos

Tienen un comportamiento especial, divisiones, amigos, enemigos y códigos. Forman un mundo donde no todo es dinero y apuestas, sino que se caracterizan más por la entrega a un sentimiento que condiciona su vida cotidiana: la pasión por el turf.

Por YÉSICA VISSANI
yvissani@hotmail.com

Está por empezar la carrera de caballos y el público parece un gran conjunto de burreros dispuestos a entregarse al espectáculo. Pero para sorpresa de muchos este grupo no es homogéneo como lo era en otros tiempos. Hoy la situación económica Argentina cambió e hizo alterar su fisonomía.

Se puede decir que hay 2 grupos de burreros. Uno se caracteriza por ser espectador, a ellos los vamos a denominar 'burreros light'. Y otro que seguramente encaja con la idea que todos tenemos de los burreros, son los apostadores empedernidos, y a quienes llamaremos 'burreros cash'.

Por un lado, los 'burreros light' son los que realmente se vieron afectados por la crisis económica y en sus bolsillos apenas alcanza para darse el lujo de ir al hipódromo y tomarse un cafecito en "el bar del pado". Así Tito, Juan, Pepe, Luis, Vicente y Yayi concurren todos los miércoles a presenciar el show que tanto placer les da al hipódromo de San Isidro. Hace 40 años que cumplen ese ritual y no hay excusa para faltar. Por supuestos que antes iban con más frecuencia pero la falta de dinero los obligó a adaptarse a la situación. Ésta se transformó en su único enemigo, puesto que los forzó a dotar de una gran dosis de racionalidad a su pasión que se caracteriza por el desenfreno.
A pesar de tener entre 75 y 86 años la adrenalina les sube como cuando eran jóvenes. Y aunque ahora no apuestan con dinero, igual se sienten parte del espectáculo y se juegan por uno de los corredores con el corazón. Están contentos de ser burreros y no les da vergüenza que los llamen de ese modo. Así se consideran y para ser uno de ellos, como explica Pepe, "sólo te tienen que gustar los caballos tanto como tu pareja", "si es que todavía la tenés" bromeó Vicente, quien tuvo varios conflictos con Marisa por su devoción a las carreras. Aunque esto no siempre pasa puesto que muchas veces las mujeres son tan fanáticas como los hombres; como es el caso de la señora de Yayi, Claudia. "Ellos se conocieron en las carreras" confesó Tito.

Este grupo en su interior sí es homogéneo. Pertenecen a la misma clase social y se consideran todos iguales. No hay un líder o un héroe en su grupo, cada uno cumple una función y para ellos todas son importantes e imprescindibles. Tito es el racional, el que informa al grupo sobre las nuevas noticias del hipódromo y lo mantiene al tanto de todos los 'pedigríes' de los caballos que van a competir. Juan es el historiador, él siempre encuentra una anécdota relacionada y pertinente para la carrera que están presenciando. Pepe es el apasionado y el que más se escucha gritar en los espectáculos.

 

Vicente, el humorista, aporta una serie de chistes para cada ocasión. Y Yayi es el arbitro, el que siempre se fija en el desarrollo del caballo y del jockey y les pone puntaje. Cada uno se esfuerza por mantener esta identidad que los caracteriza ya que todo el grupo espera eso de ellos. Por otro lado, los 'burreros cash', no se vieron afectados por la crisis económica. Son llamados así porque tienen dinero en sus bolsillos para destinarlo a la apuesta. Su pasión es una suerte de herencia que viene desde sus padres y que por supuesto supieron transmitir a sus hijos con tanta fuerza que concurren juntos a las carreras.

Federico sale antes de su trabajo para llegar puntual a la puerta del hipódromo de Palermo donde se junta con su hijo de 26 años. Ambos disfrutan del espectáculo como lo hacen los 'burreros light' pero ellos le aportan un ingrediente más: la apuesta de dinero. Antes de ubicarse en su butaca reservada, no por una cuestión formal sino por costumbre, se dirigen a hacer sus apuestas que no bajan de $100. Después se instalan, encienden un cigarrillo y se ponen a hablar del 'favorito' con los otros habitúes.

Este grupo también es bastante homogéneo en su interior, puesto que pertenecen a un mismo sector socioeconómico. Pero se divide en dos según el criterio de decisión que empleen a la hora de apostar. Por un lado están los intelectuales, como es el caso de Federico, que estudian detalladamente la historia y familia del caballo, además del currículum del jockey para tomar una decisión basada en argumentos sólidos. Por otro lado están los intuitivos, que se guían por su sentido de afinidad y por al azar. Son los fieles a sus "corazonadas".

En este grupo se forma una borrosa jerarquía que permite identificar una cabeza. Esta se caracteriza por ser la persona que más acierta y la que más se juega a la hora de apostar. Vale destacar que el coraje es una característica sobrevaluada en este grupo de 'burreros cash', es imprescindible tenerlo porque sino se pasa a ser considerado "principiante" que, indudablemente, ocupan la base de la pirámide de poder.

Los 'burreros cash' consideran al hipódromo como su hogar, están a gusto con las instalaciones y con la gente que concurre a ellos porque están ahí por una pasión en común. Pero en este último tiempo se incorporaron 'fichines' en el bar del hipódromo, entonces la gente que se acerca ya no son sólo burreros, ahora también hay apostadores de otra clase. Esto incomodó sobremanera a los fanáticos de las carreras y presentaron sus quejas, pero el creciente número de 'burreros light' sobre el de 'burreros cash' obligó al hipódromo a buscar otras alternativas para generar ganancias. Así los jugadores de fichines se convirtieron en los enemigos de los burreros quienes no entienden como una máquina los puede apasionar más que una carrera de caballos. Los consideran "débiles", porque "no se animan a apostar ni siquiera a algún favorito". Y si bien no se producen enfrentamientos verbales las miradas lo dicen todo.

Cuando la carrera está por terminar ya nadie queda sentado en su butaca. Todos se amontonan en la baranda que da a la pista para ver mejor el resultado de su apuesta. Y sí, son todos porque tanto los burreros light con el corazón como los cash con el bolsillo apostaron por algún caballo y se juegan el honor. Los gritos son ensordecedores y los rostros comunican una desesperación desgarrante. Y todo esto se incrementa cuando se produce un final de 'bandera verde', los caballos llegaron tan juntos que hay que esperar al 'foto chart' para que devele el misterio del triunfo. Algunos se comen las uñas, otros miran hipnotizados a la pantalla esperando la foto que va a mostrar que ganó uno u otro por apenas dos centímetros. La espera se hace insoportable, la tensión crece y los nervios son cada vez más visibles. Y todo esto explota cuando se da el resultado oficial. Los triunfadores gritan, saltan y se abrazan con otros ganadores. Los derrotados, por su parte, bajan la cabeza y su tristeza es tan visible como la humedad en sus ojos. Pero es un juego y tienen revancha: la próxima competencia.

Al término de la carrera todo el público camina lentamente hacia la salida después de una larga charla de despedida con sus compañeros. Ya no hay diferencias entre los 'burreros light' y los 'burreros cash', éstas se desvanecen tras el poder de la pasión que sienten todos ellos por el turf y se funden en un mismo grupo: "Los Burreros".

 

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