Make your own free website on Tripod.com
LogoSOUTIEN DE NOTICIAS
   
Interés general
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
       

MUJERES DETRÁS DE LAS REJAS

Como un oasis en el desierto

En la càrcel de mujeres de Ezeiza, tratan como reinas a las 16 drogadictas que buscan curarse * Sólo viven un infierno aquellas que no consumen estupefacientes.

Por SABRINA HODARI y la Colaboración de Melina Barro
sabrina@soutiendenoticias.zzn.com

El Correccional de Mujeres de Ezeiza está virtualmente dividido en dos. Por un lado, hay internas con buena conducta refugiadas en un centro de rehabilitación para drogadependientes, que dibujan una línea imaginaria entre el lugar donde ellas viven y los pabellones donde se aloja el resto de la población carcelaria. Por otro lado, las demás presas pasan sus días entre el miedo y la violencia.

Más de la mitad de las internas de la Unidad III (U3) de Ezeiza -casi 250- fueron detenidas por infracción a la Ley de Estupefacientes. Las drogadictas tienen la posibilidad de recuperarse en el Centro de Rehabilitación de Drogadependientes (CRD), un anexo que funciona desde 1995, con capacidad para 22 personas, calefacción, lavadero, jardín y celdas individuales. En el resto del penal, hace frío y se escuchan gritos permanentemente. "No se puede dormir, hay que estar en un estado de alerta permanente", sostiene Mariana Couturier, una mujer de 25 años que está en la U3 hace 3 años y ocho meses condenada por vender sustancias ilegales, pero al no consumir drogas, no forma parte del CRD. "Acá estamos presas de las mismas presas, es la ley del más fuerte", confiesa.

En cambio, en el CRD se vive una realidad distinta. "Tanto el personal como mis propias compañeras me hacen sentir segura", afirma Sandra, una de las 16 "privilegiadas" que ingresó voluntariamente al programa de rehabilitación hace 9 meses. "Los códigos no pasan por la violencia sino por trabajar juntas y ayudarnos cada día", cuenta Sandra. Otra convicta que decidió recuperarse es Beatriz. "Tuve un padre violador, cuando me pude escapar me fui con un hijo de él dentro de mi vientre -dice entre lágrimas- y por eso empecé a drogarme." Beatriz se siente diferente por pertenecer al CRD, y no se equivoca: "Nosotras podemos hablar con las guardiacárceles pero tenemos prohibido cualquier contacto con las presas comunes".

Según Hilda Rodríguez, alcaide jefa del CRD, no es conveniente que las internas que forman parte del programa de rehabilitación se relacionen con otras que no están en el centro porque pueden retrasarlas en el tratamiento. La situación del resto de la población carcelaria es diferente. "Si llego a hablar con las celadoras me matan, es un código interno, creen que les pasas información", cuenta Mariana.

Las mujeres que viven actualmente en el CRD estuvieron en contacto con presas violentas durante los primeros meses de su llegada al penal, conocieron "el otro lado". Luego de haber vivido situaciones de tensión y maltrato permanente, algunas decidieron ingresar en el programa para drogadependientes con el objetivo de escapar de la locura en la que estaban inmersas. "Yo estuve del otro lado, sentía odio y ganas de fugarme - confiesa Beatriz - pero en el centro empecé a valorar lo que soy y a sentir ganas de cambiar".

Las convictas que están alojadas en los pabellones comunes consiguen droga, aunque el servicio penitenciario asegura que hace todo lo posible para evitarlo. "Antes vivía empastada, dormía todo el día y era muy agresiva", cuenta Beatriz. En el CRD, las presas tienen horarios que cumplir y trabajos que realizar para poder acceder a los privilegios que les brinda el centro. "Si están ocupadas, se vuelven más dóciles y es más fácil manejarlas", explica Hilda Rodríguez. "Hay empresas que contratan la mano de obra de las internas mientras están en el penal -sostiene Rodríguez- y eso les facilita conseguir empleo cuando salen en libertad".

La U3 cuenta con un centro de formación profesional con el fin de facilitar la inserción laboral de las presas, aunque no pertenezcan al programa de rehabilitación. Ofrecen talleres y cursos cortos que abarcan varias ramas, desde la costura industrial hasta la cocina, la apicultura y la mecánica de automotores. Aunque la mayoría de las convictas prefieren pasar el día sin hacer nada, hay otras que aprovechan el tiempo de sus condenas para trabajar o finalizar sus estudios. " Este año pude rendir la primaria, nunca antes había agarrado un lápiz y un papel", destaca Beatriz.
Pero en las cárceles no todo es color de rosa, en Ezeiza hay dos bandas que se disputan el liderazgo y hacen cualquier cosa para conseguirlo. "Te agarran entre siete u ocho con un fierro y te matan a golpes -cuenta Mariana- por eso yo hago como que no veo ni escucho nada".

Si bien es cierto que las presas que deciden ser parte de un tratamiento para curar su adicción a las drogas se merecen un trato especializado, no por eso debe ser diferente ni más humano. El CRD es una opción que no está al alcance de todas (ver recuadro) y al principio las internas lo ven como una salida ante el maltrato que reciben por parte de sus pares y no como una posibilidad de curarse. En la U3 de Ezeiza hay casi 500 internas, en el CRD, sólo 16. ¿Es justo que las presas no sean tratadas de la misma manera sólo por ser parte de un centro de rehabilitación?

EL CRD NO ES PARA CUALQUIERA... EXIGE DETERMINADOS REQUISITOS

El Centro de Rehabilitación de Drogadependientes (CRD) fue creado en respuesta a la necesidad de cumplir el artículo 19 de la Ley 23.737 que prevé una medida curativa para aquellas internas adictas a las drogas. El CRD cuenta con profesionales -psiquiatras, psicólogos y coordinadoras- cuyo objetivo es fomentar la reinserción social de las convictas. Para lograrlo, establecen un cronograma diario de actividades -jardinería, limpieza, manualidades- que las presas deben cumplir.

El inicio y finalización del proceso de rehabilitación, que dura dos años y consta de cinco etapas, es de carácter voluntario. Pero la voluntad no es el único requisito para ingresar al CRD. Sólo son admitidas las internas con buena conducta. Las demás son rechazadas. "La primera fase del tratamiento se llama pre-admisión - explica Hilda Rodríguez, alcaide jefa del CRD - se hace una evaluación que dura dos meses para determinar si la persona puede ingresar al centro".

No todas las internas terminan el tratamiento ya que muchas salen en libertad antes de cumplir con las cinco etapas. No obstante, las que se rehabilitan y vuelven a su ámbito corren el riesgo de volver a drogarse. "Nos gustaría poder hacer un seguimiento de la interna cuando sale del penal pero no contamos con los recursos suficientes para solventar los gastos que implica una continuidad exterior", destaca Rodríguez.

 

VOLVER

 

| Política de Privacidad | Staff | Página de inicio | Recomiéndanos |

 

SOUTIEN DE NOTICIAS es una publicación independiente.
Registro de la Propiedad Intelectual (en trámite). Reservados todos los derechos.
Sitio web creado el día: Octubre' 29 de 2001.
soutiendenoticias@hotmail.com

 

 

Webmaster
Este sitio fue diseñado para poder visualizarse en un
monitor con una resolución mínima de 800 x 600 píxeles.