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La magia de estar indispuesta

YAMILA FERRIGNO

"Me gusta ser mujer" frase tan conocida y utilizada por cada una de nosotras pero ¿ realmente es grato?. Esa satisfacción femenina de repente se esfuma cuando sufrimos la visita del tan famoso " Andrés, el que te viene una vez al mes". Nuestro estado de animo cambia, en realidad no sé por qué lo dicen si en ningún momento nos desagrada esos dolores tan lindos, ese malestar continúo... ¿ A quién le cambia sus planes la visita de Andrés?.

Tanto ahorrar durante un mes para comprarte ese pantalón de marca de color blanco un tanto traslucido que te ibas a estrenar el sábado, día en el que recibistes las visitas.
De repente la panza se nos hincha y una se pregunta: ¿ Por qué nací mujer? al intentar abrocharnos un pantalón y no conseguirlo. Nuestros abuelas y sus tradicionales consejos y forma de denominarlo: ¿ estás con el asunto?.

Nos sentimos perseguidas, cada movimiento que realizamos nos encargamos de asegurarnos de que todo esté en orden. Nuestra sensibilidad es mayor, y cosa que nos dicen es una buena razón para llorar y deprimirnos. ¿ Quién no tiene ganas de comer cosas dulces en esos días?. Uno arrasa con todo lo que se le cruza por su camino, rompe la dieta pero se justifica diciendo: " Me estoy por indisponer". ¡Qué lindo que es el verano!. Nada más insoportable que recibir a Andrés cuando la temperatura ronda los 40 grados. Y es por estos meses en donde tomamos la decisión de cambiar las tan absorbentes y adherentes toallas femeninas por el tan conocido tampón.

Nada más higiénico, más cómodo, eso es lo que dicen pero nadie nos advierte de el curso acelerado que hay que realizar para colocarnos uno. Comenzamos leyendo las instrucciones detenidamente y terminamos transformándonos en una especie de mujer de goma hasta que lo conseguimos, y uno piensa; lo peor ya pasó.
Pero no es tan así. Al comienzo al caminar sentimos que todos advierten sobre nuestro estado y tras nuestros infinitos intentos por disimular la situación sólo conseguimos hacerlo más evidente.

Lo más gracioso es una vez que salís del baño, en realidad no sabes si saliste de ponerte un tampón o de un sauna. ¡Qué lindo cuando culmina nuestro período!, nos sentimos libres, una especie de ser todo poderoso después de haber atravesado por días de tanta incomodidad.

Pero...¡qué problema cuando la visita no se produce!. Nuestra cabeza va a mil, las horas parecen años y los días siglos, y una empieza a imaginarse cosas.
Te auto convencés de que es solo cuestión de nervios, que todo está en orden, respiras e intentás pensar en otra cosa y cuando lo conseguís justo en el asiento de al lado del colectivo se te sienta una mujer con un bebé, y todo vuelve a empezar.
Ya no ves autos en la calle tan sólo cochecitos con bebés, dejás de observar celulares ahora todos son chupetes y mamaderas.

 

Después de un par de días se lo comunicas a tu pareja y en vez de darte tranquilidad consigue alterarte más. Se encargan de llamarte cada 10 minutos y preguntarte: ¿ Te vino?. Y después de un promedio de 20 llamadas te deja de preocupas ser madre, tan solo pedís que se descomponga el teléfono. Te juntas en una plaza con y tu novio, y él toma la actitud de una planta haciendo fotosíntesis: no se mueve y a penas respira. Cuando conseguís que emita una palabra justo en frente a donde se encuentran estaciona un camión de pañales Mimitos, y otra vez se convierte en un vegetal.

Después de largos silencios, palabras entrecortadas y cajas enteras de té de tilo tomadas, deciden recurrir al test de embarazo. Llegan a la farmacia y él no quiere pedirlo, luego de convencerlo se acerca al vendedor y le hace el pedido en forma de secreto. El farmacéutico con un tono normal le pide al encargado (quien se encuentra en la otro punta del local) que le alcance el test de embarazo. Todos los allí presentes voltean para ver quienes son los que van a adquirir dicho producto. El rostro de ambos pasó una especie de arco iris, y de manera veloz salen de la farmacia como si estuviesen siendo perseguidos por la C.I.A.
Una vez en casa leemos las instrucciones y procedemos a realizarlo. Después de 15 minutos de espera hay que chequear el resultado. Ninguno de los dos se anima, y entre pelea y pelea pasan otros 15 minutos más hasta que se animan.

Los dos se arriman y espían, ya no pueden distinguir nada hasta que ven una sola rayita... ¡ Sí!, sólo son nervios, locuras... ambos comienzan a respirar de manera normal y es en ese momento donde sentís una sensación extraña: ¡ Te vino!.Por lo menos sabés que vas a pasar 28 días antes de que vuelvas a pasar por la misma situación.

Tras todo esto concluís en que lo más lindo que tiene la mujer es sufrir esos dolores, esa incomodidad, esa persecución que una siente y la ahora no tan desagradable utilización de toallas femeninas y del tampón.

 

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