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CLIMA DE PREGUERRA ENTRE EE.UU E IRAK

PRETEXTOS CAMBIADOS

Bajo la excusa de que Sadam Hussein apoya al terrorismo y aprovechando el impacto causado por el 11-S, George W. Bush pretende iniciar una guerra contra Irak. El posible manejo del petroléo y la búsqueda de consenso para las próximas elecciones legislativas son los verdaderos motivos que conducen al presidente de EE.UU a un enfrentamiento bélico.

LUCIANA MERCURIO
luciana@soutiendenoticias.zzn.com

Cuando apenas habían pasado unas horas de los atentados a las Torres Gemelas, Bush declaró la guerra contra el terrorismo y la mayoría de los estadounidenses no dudo en apoyar esa propuesta. Osama Bin Landen pasó a ser el enemigo N°1 y Afganistán el territorio a invadir.

Las rutinarias alarmas sobre posibles ataques en EE.UU no sólo generan miedo en la sociedad, sino que se convirtieron en una herramienta política de doble uso, ya que buscan la continuidad del respaldo popular de un presidente que, en otros segmentos de la realidad, presenta dificultades económicas, como los escándalos que surgieron a partir de las maniobras ilegales de empresas estadounidenses. Todo eso sumado a que pretende ganar las elecciones legislativas del 5 de noviembre.
Aferrándose a la excusa, improbable aún, de que Sadam Hussein almacena armas de destrucción masiva, químicas y bacteriológicas, junto con la conexión del dictador con la red terrorista Al Qaeda de Bin Landen, hoy el número uno a derrotar es el líder de Irak. Sin embargo, en otro tiempo el Gobierno de Washington se llevaban bien con Sadam.

En 1983, el hoy secretario de Defensa Rumsfeld, fue enviado a Bagdad por el presidente Ronald Reagan para establecer una buena relación que permita resolver los problemas de Oriente Próximo. Días después se supo que había trasladado a Hussein un mensaje mucho más concreto e importante: Reagan no quería que Irán venciera a Irak en aquella guerra, y ofrecía al dictador de Bagdad imágenes por satélite de las posiciones iraníes, helicópteros de combate, bacterias y protozoos para desarrollar armas bacteriológicas, ántrax incluido. La oferta fue aceptada y cumplida.
George W. Bush y Donald Rumsfeld aportan hoy como prueba de la brutalidad de Sadam que en esa guerra utilizó armas químicas (gas mostaza con agentes nerviosos) contra las tropas iraníes. Entonces, la noticia suscitó un comentario muy prudente por parte de Jeane Kirkpatrick, embajadora estadounidense ante la ONU: "El uso de armas químicas es un asunto muy serio". Eso fue todo.

En 1987, cuando un misil iraquí alcanzó el destructor estadounidense Stark y mató a 37 miembros de la tripulación, la Casa Blanca consideró que se trataba de "un error sin mala intención". El dictador seguía siendo amigo. En 1988, Sadam gaseó a la población iraquí de etnia kurda con un cóctel de armas químicas, lanzado desde helicópteros vendidos por EE UU. El gobierno de Reagan culpó inmediatamente a Irán. Hasta que la oposición demócrata no presentó pruebas irrefutables, la Casa Blanca no rectificó y admitió que el responsable había sido Sadam.

Ahora Bush ha declarado que la ONU demostrará su insignificancia si no le respalda, ha insinuado que cualquier resistencia del Congreso de EE UU sería antipatriótica y ha conseguido ya el apoyo de gobiernos como el británico, el español y el italiano. Su objetivo va mucho más allá de verificar el desarme iraquí: quiere acabar con Sadam Husein y crear un nuevo régimen político de corte occidental.

Pero no todos sus intereses pasan por lo político, sino que también está en juego lo económico. Irak tiene las segundas reservas mundiales de pétroleo, detrás de Arabia. Si se pusieran en producción esas reservas , que hasta ahora están restringidas por las sancionas impuestas al régimen iraquí tras la Guerra del Golfo, podría producirse una distorsión total del mercado, hacer caer los precios por debajo de la banda estipulada y terminar con la OPEP, la organización de países petroleros. Estas consecuencias serían las más probables si EE.UU logra ocupar Irak, remover el régimen dictatorial de Hussein, y adueñarse de la producción petrolífera. Así implantaría un monopolio con precios que harían incompetentes a los restantes productores del "oro negro".

Pero para que el sueño de Bush se haga realidad debe ganar una guerra que todavía no ha comenzado, pero que amenaza con hacerse realidad. El ataque unilateral americano-británico parece estar cada vez más cerca, a pesar de no contar con la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU.
EE.UU usaría todos los medios necesarios para atacar si Irak no permite, dentro de siete días, el acceso irrestricto a los inspectores para comprobar que poseen armamento de destrucción masiva. Si bien, el país árabe había aceptado el retorno incondicional de los inspectores de la ONU, que abandonaron el país en 1998, para evitar una acción militar estadounidense y británica, ahora no estaría dispuesta a cumplir con las imposiciones estadounidenses.
Bush parece decidido ir a la guerra sin contar con el respaldo de la comunidad internacional que sí tuvo su padre cuando lanzó la campaña Tormenta del Desierto, durante la Guerra del Golfo, también contra Irak, en 1991. En ese momento su padre siguió los consejos de su jefe de Estado Mayor, Colin Powell, y de su secretario de Estado, James Baker, y se atuvo durante la guerra a las resoluciones de la ONU: el objetivo era expulsar a los iraquíes de Kuwait, no derribar al Gobierno de Bagdad.

Mientras en Londres 250.000 personas repudiaron un ataque contra Irak y el apoyo del premier Tony Blair a Bush, las autoridades iraquíes denunciaron que aviones de guerra estadounidenses bombardearon, por segunda vez en tres días, el aeropuerto civil de Bagdad.
La paz y la guerra son las dos fuerzas que se disputan la dominación de un mundo cada vez más dividido por los intereses económicos de las potencias.

EL ESCENARIO ANTE LA CAÍDA DE HUSSEIN: UNA NUEVA REALIDAD

Si el ataque unilateral americano-británico logra terminar con el régimen de Saddam y ocupa un territorio de gran peso político, social y económico, el cambio de escenario para Oriente Medio y el Golfo Pérsico sería inevitable.
La transformación del mapa regional incluiría la posibilidad de un Irak dividido en tres, un Irán amenazado por la guerra contra "el eje del mal" lanzada por Bush, Israel anexando Cisjordania y Gaza, Arabia Saudita y Jordania viviendo revueltas internas de movimientos democratizadores y la creación de una nación Kurda.
Actualmente la minoría kurda mantiene una región autónoma del gobierno central y están protegidos por la zona de exclusión marcada por Estados Unidos tras la Guerra del Golfo, en la que no pueden operar los aviones o las tropas de Bagdad. En esa región se encuentran las mejores reservas petrolíferas del país. Además proclaman la independencia junto a sus hermanos del otro lado de la frontera en Turquía, Irán y Siria.

La región que controla Saddam y que pertenece a la minoría musulmana sunita, están en el centro de Irak. Al sur, el territorio ocupado por los chiítas con capital en Basora está muy ligado a Irán y Kuwait. Turquía no aceptaría ningún tipo de concesiones territoriales o económicas a los kurdos porque teme que eso provoque el levantamiento de los integrantes de ese pueblo que habitan dentro de su propio territorio.Lo mismo harían los iraníes con el sur.
En Jordania la posible guerra a su vecino del sur le podría traer, por un lado, graves riesgos y por el otro beneficios económicos. La mitad de los jordanos son de origen palestino, pero hay más de 400.000 iraquíes. El principal temor del rey jordano es que el gobierno israelí utilice la guerra como pretexto para expulsar a los palestinos y que se produzca una ola de refugiados en su territorio. Algo parecido le podría suceder desde el sur con una población iraquí huyendo de la guerra.
Israel vería el derrocamiento de Saddam como un triunfo propio, ya que considera que es instigador y financista de los grupos palestinos radicalizados que atacan a israelíes civiles.

La desaparición del régimen iraquí debilitaría la posición de los palestinos mientras que el duro premier Sharon se vería fortalecido como para poner en práctica su plan de Estado palestino acotado, desarmado y sin Jerusalén.
Arabia Saudita se encuentra en un complicado proceso de sucesión del rey Fahd que se vería influenciado por el conflicto. Todo eso, junto a un llamado a la defensa del honor árabe por parte de Saddam, podría poner en descubierto el enorme descontento que existe entre los jóvenes , hasta provocar alzamientos contra la familia real.

 

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