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        CONFLICTO DE MEDIO ORIENTE: 1967-2002

VIOLENCIA INFINITA

Los israelíes y los palestinos viven un conflicto de décadas . Los acuerdos de paz nunca lograron una pacificación duradera, no solo por la desigualdad entre ambas partes sino que también por no responder a los legítimos derechos que se reclaman.

LUCIANA MERCURIO

Desde 1967 Cisjordania y la Franja de Gaza han estado bajo ocupación militar israelí. Este régimen ha supuesto el estado de excepción permanente (autoridades y legislación militar), la persecución de los nacionalistas palestinos, la apropiación de tierras para la instalación de colonos y bases militares, la progresiva judaización de la parte oriental de Jerusalén (donde se pretendía que la población árabe deje ser mayoritaria) y, en fin, la total subordinación de la economía palestina a la israelí.

Mientras tanto la oposición palestina se organizó en el exterior. Durante los años 70 y 80, la OLP (Organización para la Liberación de Palestina) recompuso el tejido nacional palestino y organizó un Estado en el exilio que logró el reconocimiento y el apoyo internacional. La OLP combinó el encuadramiento de la población palestina refugiada, la acción diplomática y la lucha armada para liberar el territorio. Progresivamente esta organización fue aceptando la fórmula de la partición territorial pero exigiendo la materialización de los derechos nacionales del pueblo palestino: libre determinación, derecho a disponer de un Estado y retorno de los refugiados.

Ante la intransigencia israelí y el continuo apoyo de sus valedores externos, ni la vía diplomática seguida por la OLP ni la lucha armada dieron resultados. No faltaron oportunidades, como el acuerdo de Camp David que estableció la paz entre Israel y Egipto luego de 30 años de lucha. El presidente de EE.UU, James Carter, invitó a Sadat y a Begin para que resuelvan sus diferencias y elaboren una fórmula de la paz. Finalmente se concretó en marzo de 1979, cuando firmaron un acuerdo que proponía la creación de un gobierno autónomo palestino y la retirada de las tropas israelíes del Sinaí. Egipto recuperó esa península y además reconoció la existencia del Estado de Israel, por primera vez. Pero el autogobierno para los palestinos no se concretó ya que el primer ministro Israelí Begin invadió el Líbano, en donde se inició una guerra civil entre cristianos (ayudados por Israel) y musulmanes, dando por resultado la destrucción total y la victoria de estos últimos. En el 83 se hacía presente la figura de Ariel Sharon como ministro de defensa, que en ese momento era acusado de participar en las masacres de los palestinos refugiados.

A finales de 1987 estalló por primera vez el pueblo palestino. En los territorios ocupados se produce un levantamiento popular en Cisjordania y Gaza. La Intifada supuso un vasto movimiento de rechazo a la ocupación y de desobediencia civil que causó una profunda conmoción en Israel, desenmascaró la realidad de la ocupación y desencadenó un vasto apoyo internacional a los palestinos.

Al calor de la revuelta, en junio de 1988, Jordania cortó sus vínculos administrativos con Cisjordania y en noviembre el Consejo Nacional Palestino (parlamento en el exilio) declaró el Estado de Palestina. La situación se hizo cada vez más insostenible para Israel, que seguía resistiéndose a cambiar la política. La guerra del Golfo crearía las condiciones para que se concretase un marco de negociaciones tutelado por los EE.UU. Este conflicto bélico no sólo debilitó a Irak como potencia regional, sino también a la OLP y además trastocó las alianzas en Oriente Medio. Tras la guerra Estados Unidos decidió diseñar un nuevo orden regional que asegurase la estabilidad necesaria para sus intereses económicos (abastecimiento de hidrocarburos, mercados, etc.). Para ello se hacía imprescindible resolver el conflicto árabe-israelí. Es así que, suplantando a las Naciones Unidas, forzaron a los dos partes a entablar negociaciones directas.

A finales del 91 en Madrid comenzaron encuentros diplomáticos en donde se empezaba a acordar una solución. Finalmente, dos años mas tarde se firmó el pacto de paz entre el presidente de la OLP, Yasser Arafat y el primer ministro israelí Rabin, en donde se reconocía una declaración de principios para el autogobierno de los palestinos (DOP). En ella se establecía un periodo transitorio de 5 años, a lo largo del cual se fomentaría la confianza mutua, se establecería una primera área autónoma y se irían abordando gradualmente los diferentes aspectos de la disputa. El acuerdo fue bien visto por la mayoría de la población israelí, aunque también hubo oposición de ciertos grupos de ambas partes. La comunidad internacional le dio un espaldarazo casi unánime.

A raíz del acuerdo en los siguientes meses se estableció una administración autónoma palestina, la Autoridad Nacional Palestina (ANP) con competencias limitadas a Gaza y Jericó, se creó una policía palestina, se liberaron a algunos presos y se autorizó el retorno de algunos dirigentes de la OLP.

Sin embargo la prosecución, por parte de Israel, de las actividades de colonización, de la confiscción de tierras y de la judaización de Jerusalén Este, así como los retrasos israelíes en la implementación de los acuerdos y la continuación de facto de la ocupación israelí agudizaron las criticas internas. Ante las protestas palestinas, Israel hizo uso de sus instrumentos de coerción: cierres de los territorios, represión, retención de los presos palestinos, etc. En el campo palestino, la oposición al proceso fue liderada por los grupos islamistas, algunos de cuyos grupos recurría a los atentados indiscriminados contra objetivos israelíes.

A pesar del acuerdo de Taba (Oslo II), que ampliaba las áreas autónomas, Israel siguió controlando el 96% de los territorios palestinos. En 1996 Arafat es elegido presidente de la ANP y se crea el Consejo Legislativo.

Por el lado israelí creció la oposición al proceso y como consecuencia fue asesinado Rabin a manos de un extremista. Los laboristas, defensores del proceso de paz pero que aparecían como incapaces de dar seguridad a su población, perdieron las elecciones en el 96 ante el conservador Netanyahu que responsabilizó a la ANP de la seguridad de Israel. Como resultado de ello se recrudeció la violencia y aumentaron los estallidos populares palestinos. En el 2000 se produció la segunda Intifada, luego de la visita del primer ministro Israelí Ariel Sharon a Jerusalén. Durante los dos últimos comenzaron los ataques suicidas que prolongan no sólo una guerra infinita, sino que también la enemistad entre Arafat y Sharon.

LA INTIFADA GANA ADEPTOS

La lucha palestino- israeli se intensificó en 1988 con una revuelta en los territorios ocupados de la orilla oeste y la franja de Gaza. Empezó unos días antes de Año Nuevo, cuando jóvenes árabes de los territorios comenzaron a tirar piedras y cócteles Molotov contra patrullas israelí. Aunque la OLP, los fundamentalistas islámicos y los dirigentes de izquierda se aliaron para organizar boicots y huelgas, la iniciativa se redujo a "los niños de las piedras". En 1990, más de setecientos palestinos habían muerto (y 40 israelíes), decenas de miles resultaron heridos, y miles encarcelados sin juicio previo. Pero la Intifada había ayudado a la causa palestina más que a cualquier otro acontecimiento en cuatro décadas.

Aunque Israel había librado todas sus guerras por la cuestión palestina, el conflicto se limitó mayoritariamente a encuentros con comandos de la OLP. Los árabes que se encontraban en Israel disfrutaban de una igualdad oficial, y la mayoría de los palestinos de otros lugares, aunque a menudo confinados en campos de refugiados, habían dejado que otros libraran su lucha. Ahora cuando se defendían por sí mismos con armas, se ganaron apoyos como no lo habían conseguido hasta entonces. Al declarar su lealtad a la OLP, rechazaron la negativa israelí a la legitimidad de la organización, pero también presionaron a los líderes para que obtuvieran resultados rápidamente, incluso a través de un compromiso.

Como consecuencia de la intifada, el rey Huseein de Jordania renunció al reclamo de la orilla oeste (Cisjordania) y ayudó al presidente de la OLP, Yasser Arafat, a controlar a los miembros de la "línea dura" de la organización. En noviembre del 88, Arafat declaró un estado palestino, renunció al terrorismo y reconoció implícitamente a Israel por primera vez. Un mes más tarde, después de que Estados Unidos vetara su entrada en la ONU, la Asamblea General se reunió en Ginebra para escucharlo. Arafat repitió las intenciones de moderación de la OLP y nació una nueva esperanza para Oriente Medio.

EL COMIENZO DE LA GUERRA DEL GOLFO

La crisis que desembocó en la primera guerra internacional inmediatamente posterior a la Guerra Fría empezó en agosto de 1990, cuando el hombre fuerte iraquí, Saddam Hussein, con la intención de dominar la zona y de recuperar los costos de su reciente guerra contra Irán, invadió el pequeño y rico emirato de Kuwait.

Durante meses, Hussein puso a prueba la tolerancia de Occidente antes de atacar y obtuvo respuestas suaves. Intensificó su retórica antiyanqui, ejecutó a un periodista británico nacido en Irán y amenazó a Israel con armas químicas. Envalentonado, acusó a Kuwait de competir deslealmente con el petróleo iraquí. Cuando comprobó que las concesiones de Kuwait no eran suficientes (y sus advertencias veladas al embajador de EE.UU, April Glaspie, no provocaron ninguna reacción), Hussein envió 100.000 soldados.

La mayor parte del ejército kuwaití huyó junto al emir Jabir al-Ahmad al-Sabah, y los iraquíes avanzaron hasta la frontera saudita. Encarcelaron o exiliaron a los posibles agitadores (miles de extranjeros, entre ellos varios diplomáticos norteamericanos, fueron retenidos como rehenes hasta diciembre), pero, ante la sorpresa de Hussein, la invasión provocó condenas en muchos países. La Liga Arabe votó por la retirada e incluso los soviéticos (sus mayores suministradores de armas) se sumaron al embargo propuesto por Estados Unidos. El presidente George Bush, anteriormente partidario de Hussein, favoreció una opción más agresiva: una acción militar para consolidar el "nuevo orden mundial".

Bush había utilizado esta frase a menudo para referirse al debilitamiento de la lucha entre la Unión Soviética y Estados Unidos, y la condición de este último como única superpotencia. Ahora, en respuesta a la demanda de protección de Arabia Saudita, inició la operación Escudo del Desierto.

Cerca de medio millón de soldados norteamericanos fueron enviados al desierto saudita y al golfo Pérsico. Las fuerzas que lo apoyaban no procedían sólo de los aliados tradicionales de Estados Unidos sino también de Siria. Moscú ofreció ayuda diplomática y sus antiguos "satélites" consejeros técnicos. Al cabo de unos meses, la operación defensiva Escudo del Desierto se transformó en la ofensiva Tormenta del Desierto.

 

 

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