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PASADO Y PRESENTE VIOLENTO...

¿ Y UN FUTURO TAMBIÉN?

YAMILA FERRIGNO

Vivimos en un mundo lleno de violencia, de falta de consideración y de respeto. Pero todo esto no es algo que sólo nos pertenezca a los que circundamos el hoy, el presente. También tenemos conciencia o fuimos protagonistas de un pasado violento, y aunque muchos sostengan que " antes no era así", el simple hecho de remover los escombros de lo ya vivido nos hace ver que no es sólo cosa del nuevo milenio. Pensemos un momento en Hitler, en el nazismo o, en algo más allegado a nosotros, en la dictadura militar argentina; ¿ no era la violencia la madre de estos episodios?. Aquellos que posean dudas sobre la repuesta de esta pregunta, recomendaría que consultaran a libros como " Nunca Más" que es un informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas en Argentina. Allí encontramos hechos que resultan de difícil credibilidad, cuyo escenario fue nuestro suelo y los protagonistas, quizás, algunos familiares o amigos. Muchas personas sufrieron durante horas, días, semanas, meses y hasta años, una gran violencia que, en muchos casos, puso fin a sus vidas. Al leer los testimonios que se presentan en este libro no resulta raro que nos quede una sensación extraña, producto de la descripción de las torturas físicas, como la picana, o psicológicas, por medio de simulacros de incineración y de fusilamiento, de las cuales tanta gente fue víctima. Ediciones de este estilo nos dan la pauta de que hay que erradicar la violencia y que, circunstancia como esas no deberían presentarse nunca más. Y entonces ¿ qué esperamos para cumplir ese objetivo?, porque si bien ahora no se da en forma tan masiva esto ¿ no es lo mismo matar a patadas a un jugador de fútbol o a puñaladas a una novia?, ¿ no está presente como antes la violencia en estos ejemplos?. La agresividad que nos rodea es productora del pánico de nuestros padres cada vez que, por ejemplo, los jóvenes salimos a bailar o el que nosotros mismos tenemos de transitar ciertas calles en determinadas horas. Todo lo mencionado va acompañado del alto grado de inseguridad, que se transformó en típico en los tiempos que corren. Día tras día va aumentando el número de robos que, quizás, antes eran sólo eso y ahora van seguidos de asesinatos y otros tipos de violencia. ¿ Por qué somos violentos?, ¿ qué sale a la luz por medio de los actos de violencia?. Algunas personas lo vinculan con la infinidad de problemas, sean económicos o amorosos, que nos hacen ser víctimas de un humor fácilmente irritante y de ciertas reacciones atípicas en nuestra forma de ser. Otros lo ligan a¡ con individuos que presentan alguno trastorno mental en el caso de episodios violentos graves.

Es tan cotidiana y grande la presencia de la misma que uno tiene que optar entre dos posturas: responder del mismo modo o tomárselo con calma, contar hasta cien y continuar como si nada hubiese pasado. La segunda opción resultaría más favorable para todos, pero ¿ Qué haría usted si al cruzar la calle, con el semáforo a su favor, dobla con mucha velocidad un auto, y además su conductor le dice un cierto número de insultos que le hacen recordar desde su madre hasta esa parienta lejana que sólo ve cada dos años? o ¿ Qué sucedería si al transitar tranquilamente por la calle con su nuevo auto un taxista dobla en contramano y destruye su vehículo que tantos años de trabajo le costó?. En lo personal no dudaría en recordarle a los choferes un listado de saludos míos hacia su madre, hermana, tía abuela, abuela y tatarabuela si es que la tuviese.

Ésta reacción que mencioné, si bien tiene cierto grado de agresividad, es leve en comparación de lo que sucede hoy en día. Ante estos episodios es común que, esa persona que ve destrozada la mejor y más sacrificada inversión de su vida, se baje de su auto con un arma en la mano y dispare, e en el caso del peatón que le arroje lo primero que tenga a su alcance. Cada uno de nosotros tiene alguna que otra actitud violenta, pero lo más importante es poder controlarlas. Más allá de todo esto, nadie se hace responsable, todos nos lavamos las manos y, en consecuencia, la solución a este problema no llega.

Durante la década del 70 cuando Argentina fue víctima de enormes horrores producto de la tortura, personas del gobierno responsables de toda esa situación, decían no tener conocimiento de los centros clandestinos de detención, que la gente desaparecida estaba en el extranjero y que nada tenía que ver. Y aún se esperan actos o palabras de confiable arrepentimiento de parte de ellos. Es más, hasta la propia Iglesia Católica presentó una actitud pasiva y guardó un inmenso silencio frente a ese suceso, dejando a un lado, de este modo, los principios fundamentales que se persiguen en esta religión.

También, en el transcursos de los últimos años nadie se responsabiliza de las miles de agresiones en la vía pública, en los estadios de fútbol, etc. Ninguno de nosotros le puede dar la espalda a esto porque en algún momento pudimos o podemos padecer sucesos de esta índole, o ser productores de los mismos. Lo que se espera es que la solución a esta cuestión no se pierda en la noche de los tiempos y que nos demos cuenta que somos nosotros los que, en consecuencia, nos terminamos perjudicando. ¿ Tendremos que soportar, también, un futuro violento?, sólo depende de que cada uno aporte su, tan conocido y poco utilizado, granito de arena. Y que recordemos que es imprescindible que aprendamos a respetarnos y volvamos a utilizar esas tres palabras mágicas que, seguramente, nuestros padres nos enseñaron: gracias, por favor y permiso; ¿ no sería bueno tenerlas en cuenta?.

 

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